El reto de la trazabilidad alimentaria

trazabilidadPublicado en Revista Indualimentos, 2014

La trazabilidad alimentaria se ha consolidado como un modelo para determinar la inocuidad de los alimentos, aportando más tranquilidad y confiabilidad a los consumidores de que el producto que están adquiriendo es saludable, inocuo y de alta calidad. No obstante, algunos expertos aseveran que la adopción de modelos de trazabilidad por parte de la industria local, aún es precaria en comparación con nuestros principales competidores de la escena internacional. 

Hasta hace unos años la calidad de un alimento exportado no quedaba demostrado hasta el instante en que era probado por el paladar del consumidor. Sin embargo, este simple enfoque dio un inesperado vuelco a partir de los atentados del 11-S contra las Torres Gemelas, tras los cuales la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) publicó la Ley de Seguridad Pública, Preparación y Respuesta ante el Bioterrorismo (2002). Este marco legal estipulaba que se debía proporcionar por adelantado información a la FDA sobre el origen de los alimentos para consumo nacional, incluidos aquellos importados.

Dicho escenario se vio fortalecido en 2005, cuando la Unión Europea estableció la obligatoriedad de la trazabilidad para todos los productos agroalimentarios (Reglamento CE 178/2002), definiéndola como aquel conjunto de acciones y procedimientos técnicos que permiten identificar y rastrear cada alimento, desde su nacimiento, transformación, producción y almacenaje hasta su distribución.

Así, la trazabilidad alimentaria se ha consolidado como un modelo para determinar la inocuidad de los alimentos, aunque una vez más, las pymes concitan especial atención debido a su bajo o nulo manejo de herramientas tecnológicas para monitorear el historial de sus productos alimentarios.

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